El primer día del invierno, el niño vio a través de la ventana cómo desde cielo caía algo titilante. Salió al jardín y aquello que había visto seguía cayendo lentamente, despidiendo un sinnúmero de resplandores. El niño alargó la mano y el extraño objeto cayó en la punta de sus dedos. Sintió el frío que le produjo el contacto de aquel objeto, pero lo que más llamó su atención fue la hermosa figura de aquel primer copo de nieve, en el que misteriosamente las formas se disponían en una simétrica belleza incomparable.
Mas su felicidad duró poco. Apenas algunos instantes después aquella figura se desvaneció dejando tan sólo la espesura de una gota de agua común y corriente que pronto se sumó a las de otras que empezaron a caer de sus ojos. El niño había comprendido lo que era la finitud.
